domingo, 11 de abril de 2010

¡Sálvese quien quiera!


¡Sálvese quien quiera!
El proceso de descatolización del joven mexicano
Por: Alfredo Guevara González

Pese a carecer de estadística rigurosa para el inicio de esta década, debería empezar a considerarse un mito aquella afirmación de que más del 90 por ciento de los mexicanos profesan la religión católica.

Más allá de la diversificación religiosa de las corrientes evangélicas-apostólicas en las últimas décadas, un fenómeno del que vale la pena detenerse para el estudio de la psicología social es el desprendimiento -gradual- de la práctica de una religión, cualquiera que sea ésta.

El individuo a análisis, salvo excepciones, se ubica en la actualidad en el rango de edad de los 18 años, quizá menos en algunos casos y pasados los 30 años, período que aglutina a la mayoría de personas de la llamada generación “x” junto con la recién nombrada por algunos generación “y”.

La inquietud que debe tener muy preocupada la jerarquía católica es el pensamiento cada vez más común de asentir a la existencia de un Dios, pero negar pertenecer a cualquier religión, inclusive habiendo sido inculcado en los valores de la grey católica y que sus padres la continúen profesando.

“Yo sí creo en un Dios, pero no en las religiones” empieza a ser muy común escucharse en una sociedad que ya no es la misma que hace un par de décadas y cuyos cambios, -positivos o negativos– tienen consecuencias socioevolutivas que invariablemente traerán consigo transformaciones en la conducta individual, social y por ende, también en las creencias.

Los números

Según el último censo del 2000, realizado por el Inegi, el 87.9% de la población se identificó como católica aunque solamente el 46% admitió asistir con regularidad al templo y un 2.5 % (2 millones 982 mil personas) señalaron carecer de alguna religión.

Según el propio Inegi, durante las últimas cuatro décadas (anteriores al registro del 2000), el porcentaje de católicos ha ido en descenso, -en 1950 se afirmaba que el 98% de la población era católica-. De 1990 al 2000 el crecimiento de católicos fue de 1.7%, pero el de los no católicos fue de 3.7% y sigue creciendo.

Será sumamente interesante contrastar los resultados del censo de 2010, para darnos una idea del descenso de creyentes en la iglesia y corroborar que se esté convirtiendo en realidad el peor temor de la iglesia: perder a sus feligreses y que sus templos sobrevivan como meros atractivos turísticos.

El shock generacional entre padres e hijos

Probablemente los únicos datos duros que dan una idea más clara de este cambio cultural los ofrece la Encuesta Nacional de la Juventud 2005 que llevó a cabo Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve).

En el tema religioso hubo un par de datos interesantes. De inicio, solamente el 44.7 por ciento de ellos se declaró católico practicante. Ante la pregunta de qué tan importante es en tu vida la religión, el 18.1% respondió poco importante por un 9.4% que señaló nada importante.

Pero más claro aún, en otro apartado de la encuesta nacional se analizó la comunión de ideas al interior del núcleo familiar al preguntarles: ¿tus padres y tú, piensan (pensaban) de la misma manera sobre la religión?

Las respuestas fueron por demás interesantes según el grupo de edad y el sexo. En el promedio total dijeron “sí” sólo el 69.1%, “sí en parte” el 14.2% y el 15.5% de los jóvenes mexicanos aceptó ya no comulgar con las ideas religiosas de sus padres.

Si se mira a detalle la encuesta, se podrá encontrar que el porcentaje con la respuesta negativa va en aumento dependiendo del grupo de edad -a nivel nacional–; así, quienes dijeron no del grupo de 12-14 años fueron el 7.6%; de 15-19 el 15.4%, de 20-24 el 18.5% y una ligera disminución en el grupo de 25-29 años con el 17.6%.

A cinco años de realizada la encuesta, ¿habrá incrementado el proceso de descatolización? Y sobre todo, ¿qué resultados arrojaría una más específica aún? Como por ejemplo, preguntar qué porcentaje está de acuerdo con la idea de la existencia de un Dios, pero en desacuerdo con las religiones.

Sondeos locales

Hasta no obtener más respuestas estadísticas concretas, basta con preguntar al círculo de amigos, que dependiendo del contexto cultural arrojarán datos igual de interesantes que sumamente variables, seguramente.

En un ejercicio particular del autor de este ensayo -sobra aclarar, con ausencia total de un rigor científico– se le cuestionó a un grupo de contactos acerca de su inclinación religiosa y gracias al uso de las nuevas tecnologías, en cuestión de minutos tenía al menos unas 25 respuestas diferentes a través del uso del mensajero instantáneo de Microsoft, el Messenger.

La respuesta fue abrumadora, a pesar de que 13 contactos reafirmaron su posición católica (la mayoría de ellos light), 9 aseveraron creer en un Dios pero haberse alejado de toda religión –con el antecedente que fueron inculcados en la católica desde su infancia-.

Para cerrar los números, una persona se dijo cristiana, una más budista y una última desestimó la existencia de un Dios creyendo en cambio en una energía universal no inteligente regida por leyes naturales conectadas entre sí.

Es importante mencionar que el universo de personas encuestadas en el breve ejercicio, son en su mayoría de instrucción universitaria y de la llamada clase media y/o clase media-alta, lo que da pie al análisis posterior acerca de que la intelectualidad y el contexto social en el que se desarrolla el individuo son determinantes en sus creencias.

Para establecer un contraste, la reportera Carmen Aguilar realizó un pequeño sondeo en los municipios poblanos de Tepexi e Ixcaquixtla en donde las respuestas fueron inversamente contrarias.

Como era de suponerse, allá los jóvenes asienten pertenecer a la religión católica y no sólo eso, sino son partícipes de las fiestas, tradiciones y obligaciones. Sus razones son claras, son costumbres que han heredado de sus padres.

Pero indagando dentro de ese mismo universo, la reportera encontró que entre los pueblos, -unos más pobres que otros-, existen diferencias notables. Por ejemplo, las tradiciones siguen con mayor arraigo en aquellos en los que ni siquiera han llegado o son muy escasas las nuevas tecnologías como el internet o el uso del celular.

En esos lugares, los jóvenes se dedican a ayudar a sus padres y su máxima aspiración generalizada es llegar a ser mayordomos de algún santo o de los patrones de cada pueblo para que la gente se los reconozca.

En cambio, en las cabeceras municipales, las aspiraciones han cambiado y ahora los jóvenes piensan en viajar, conocer amigos de otro lugar, pertenecer a algún equipo de futbol o realizarse como profesionistas.

La reportera encontró que, particularmente entre los jóvenes, aunque sí afirmaban pertenecer al catolicismo, habían dejado de asistir a la iglesia o participar de sus ritos, lo que durante años se ha considerado como ser un católico light.

El porqué del cambio

Teniendo ya un marco explicativo sobre el fenómeno de la descatolización es menester del ensayo indagar en sus causas.

El primer referente debe ser sin lugar a dudas el propio sujeto de observación, ya que a pesar de que se intenta explicar la influencia de la sociedad sobre el individuo, es indispensable encontrar las respuestas de esa carga cultural en la propia persona.

Algunas respuestas obtenidas se ubicaron en el sondeo electrónico explicado anteriormente y también en una sección de preguntas y respuestas de Yahoo, luego de que una persona preguntara a los cibernautas, “¿Por qué creen que los jóvenes se han alejado de la Iglesia?”, los datos se pueden encontrar en: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090427195453AAqyrVD

A grandes rasgos, las respuestas más comunes se pueden dividir en estos aspectos: se han alejado por la mala imagen que se ha creado la iglesia, por la falta de valores religiosos de padres a hijos, por la “perversión” de la sociedad y el culto a los placeres y por último, por una decisión propia, ya que los jóvenes ahora están más informados.

A estos aspectos añadiría una sociedad cada día más plural, donde los matrimonios entre personas del mismo sexo y el aborto legal ya son una realidad, y en donde, las creencias personales, y el punto de vista ya no son tan estigmatizadas por la sociedad como en otros tiempos. Se vive, sin duda, en un ambiente mucho más abierto de libertad de expresión y pensamiento.

No se puede cerrar la búsqueda del porqué del desprendimiento de los valores religiosos a una sola respuesta, pero sí concluir en generalidades.

En lo particular, estoy convencido que este proceso fue inversamente proporcional al desarrollo socio-cultural y las fallas al interior de la propia iglesia cuyas contradicciones a lo aceptado como normalidad entre los jóvenes causaron discrepancia o un desequilibrio emocional.

Y como anexo indiscutible, debe tomarse en cuenta la falta de rigurosidad en los valores transmitidos de padres a hijos con relación a la regularidad de los ritos católicos, que bien puede explicarse por el ritmo acelerado en el crecimiento económico de las metrópolis, en las que la principal preocupación es la búsqueda de la sobrevivencia sobre cualquier otra motivación.

Este último punto debe considerarse de carácter cultural. Ya se hablaba de que este proceso de descatolización ha sido gradual, y no podría pensarse de otra forma.

En un esquema muy básico, el bisabuelo seguramente tuvo fuertes influencias religiosas que le fueron transmitidas en parte al abuelo, éste a su vez le transmitió al padre. Pero el padre inmersó en una sociedad consumista y capitalista que le hicieron generar una religiosidad light un tanto para él, pero en una enorme cantidad para sus hijos.

Algunos de estos hijos, -los jóvenes, objeto del estudio- pudieron ahora sí, mudarse al siguiente escalón, y sin gran preocupación, ni barreras que se lo impidan, declararse al fin un no religioso.

Teorías sociales que ayudan a explicar el fenómeno

Probablemente, el católico light hubiera sobrevivido muchos años más si no hubiera existido una motivación para cortar de tajo esa última cadena que lo mantenía unido a su credo.

La teoría de la psicología cognitiva nos ofrece una respuesta complementaria de mucha valía para poder entender este fenómeno. Las actitudes retrógradas y en otros casos ya inaceptables, como la pederastia, seguramente han sido determinantes en el proceso de información del sujeto, quien no está dispuesto a seguir siendo parte de algo que no es congruente con lo que promulga.

La religión, sin indagar en mucho en este punto, ha tenido la característica milenaria de irracionalidad en el sentido de que la fe es su mayor sustento (creer ciegamente y sin cuestionar), no pudiendo así contrastar las ideas que se ofrecen al creyente.

Puede incluso formar parte de un sistema de psicología de las masas en las que “en la multitud se produce un proceso de degeneración a un estado primitivo de inconsciencia colectiva, como resultado del cual, los individuos pierden su identidad y muestran un carácter común”, como lo concebía Gustave Le Bon.

Las características de la sugestión y el contagio son más que claras en el ámbito religioso para describir la irracionalidad en el comportamiento de los individuos en esta masa.

Sin embargo, excluyente de esta propia teoría, se encontrarían los sujetos ya no religiosos, que tuvieron un cambio de actitudes importante en la búsqueda personal y motivacional del equilibrio.

Ateniéndonos a la teoría de Festinger, la disonancia que surge entre las ideas que ya no se comparten con la religión produce un desequilibrio que surgió de la “contradicción de elementos comportamentales, cognitivos o motivacionales”, en este caso, de la religión católica.

Según la postura de otro teórico, Gergen (1973) las personas no pueden tolerar cogniciones contradictorias, pero aclara que hay personas que sienten de forma muy diferente con respecto a estas contradicciones, lo que explicaría la causa del porqué no todos han actuado de la misma manera.

En resumen, el cambio de actitud entre ex católicos podría fácilmente explicarse con las teorías de la disonancia y consistencia en la que el conflicto es estresante y las personas buscan el equilibrio y la armonía, como consideraron Collier, Minton y Reynolds.

Los recientes escándalos de corrupción y pederastia de la iglesia católica pueden sin duda, influir en cualquier sujeto cuya base de sus creencias se ubica en practicar con el ejemplo.

Una postura personal que radica de igual manera en la teoría cognitiva es el grado o nivel del procesamiento de la información del individuo. Caso más claro, las diferencias culturales, pero también económicas e intelectuales por ende, sobre las poblaciones más pobres en contraste con las grandes urbes.

Es muy probable que sí exista una relación entre una mayor capacidad intelectual y el alejamiento de la religión, por considerar como falsos o engaños los hechos en los que se basan, información que es producto de la búsqueda, el análisis y el estudio.

Esta nueva concepción de la realidad y en especial el enorme acceso a la información de esta época han abierto la mente de muchas personas no solamente para negar, sino para tener un primer procesamiento de la información que los conlleve a admitir el fracaso de ciertas creencias, pero sin separarse de la espiritualidad.

El sujeto está preparado para desprenderse de algo tan grande como la religión –porque la puede comprender y desechar por algún desagrado particular- pero no así de un Dios, al que no alcanza a comprender y cuyo estudio se ha llevado miles de años.

viernes, 18 de diciembre de 2009

La caducidad del amor


Amar a alguien para siempre, ¿cuento de hadas?

Lo que nos faltaba. De entre las pocas cosas que le daban sentido a la vida por carecer de una explicación científica, ahora habría que sacar de la lista al amor.

No es algo tan nuevo, de hecho no fue tampoco el hallazgo del siglo. Mediante un electroencefalograma, se localizaron hace tiempo las zonas del cerebro que se activan ante el estímulo que provoca el sentimiento ‘universal’ por excelencia; el amor de pareja.

Los resultados ahí estuvieron. Científicamente se pudo observar físicamente en dónde se ‘ilumina’ cuando se evoca a la persona amada. ¿La mala noticia?, se confirmó que no es duradero. En el más optimista de los casos, no dura más allá de los cuatro años.

En coincidencia, muy cerca del promedio actual en el que se separan gran parte de los recién casados.

Investigación mexicana de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ratificó a principios de 2008 la noticia que muchos aún toman con incredulidad acerca de esta supuesta caducidad del amor.

Georgina Montemayor Flores de la Facultad de Medicina de la universidad abundó en la polémica precisando que se debe hacer una diferenciación muy clara entre lo que conocemos como el amor, el apego y el atractivo sexual.

Al enamorarnos se accionan zonas que controlan emociones, tales como el tálamo, la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo, el giro singulado y las partes del sistema límbico y según su explicación, salimos y entramos de ese estado porque el cerebro no sería capaz de resistir tanto desgaste, considerando que fuera permanente.

Hay que dar crédito en este apartado a la antropóloga estadunidense Helen Fisher, quien desde 1991 y tras años de estudio con parejas divorciadas llegó a la conclusión de la duración de cuatro años en el amor aunque tiempo después modificó sus aseveraciones.

El amor está ahí, lo he sentido.

¿Qué pasó con, y vivieron felices para siempre?, ¿qué factores contribuyeron a la promesa ante el ser supremo de, “prometo amarte todos los días de mi vida”?

Por fortuna -para un pensamiento un tanto cínico-, ahora cabría la explicación: el amor no es perenne. Es más, aquí están las estadísticas, podría argumentar. Pero entonces, ¿existe el amor?, ¿existió alguna vez?, ¿qué cosa es aquello que llamamos amor?

Las interrogantes no son sencillas de responder, pero no se puede negar algo que para todos ha resultado obvio, que no es tangible pero que se siente. El amor es todo lo que dicen y es más. El amor no es un engaño. Eso que conocemos por amor lo han sentido todos y curiosamente sigue un ciclo biológico difícil de evitar.

Sin embargo partamos de una premisa sencilla, si todo en esta vida tiene un fin (intente pensar en este intervalo de lectura algo que no lo sea…) ¿por qué el amor habría de tener una característica eterna?

Una primera reflexión. El amor es para siempre porque así hemos pretendido que sea. Un discurso más de la sociedad. Una imposición en el colectivo imaginario.

Sin embargo, a diferencia de otro tipo de discursos que tienen como fin el control, el poder económico o social (apúntense las religiones en primera instancia) el amor tiene otro tipo de fuentes.

Realmente, cuando flecha cupido, ha de ser, -sin temor al error-, por decisión propia, y para el caso específico, por decisión mutua. Aquí no hay intereses ocultos, no fue un complot de las compañías de tarjetas del corazón el que el sentimiento exista, es una más de las vastas consecuencias.

Lo que ahora sabemos es que cuando ese ‘amor’ acaba, alguna explicación tiene que haber de por medio (una un poco más general a las decenas de causas particulares).

El estado de ‘imbecilidad transitoria’

En realidad, el amor es uno de los curiosos casos de un autoengaño siempre temporal producido en nuestro cuerpo sin que podamos hacer algo al respecto. La etapa del enamoramiento ha sido descrita en algunas ocasiones como una enfermedad. Aquí cabe perfecto la frase de que el amor nos cega.

El escritor catalán Noel Clarasó afirmaba que, “cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto”.

El ensayista español, José Ortega y Gasset nos provee de una definición aún más cruda cuando afirma que “el enamoramiento es un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza”.

Regresando a la investigación citada por la investigadora mexicana, los especialistas definieron al sentimiento como un “estado de demencia temporal”. De hecho, afirman que la condición psicológica del enamorado se puede comparar “con un estado obsesivo compulsivo”.

Cuando estamos enamorados parece que el sol sonríe y que el mundo es benévolo, que existe una razón parar vivir, incluso para morir, pero, una vez más, termina por desvanecer el sentimiento.

Al menos el que se sintió durante los primeros años, después, se ha convenido en otras formas que hacen que perdure -ya en menos casos-, ese contrato social llamado matrimonio.

El amor entonces englobará otros sentimientos complementarios como el apego, el compromiso, la confianza, el respeto, el cariño, entre otros, que en perfecto balance pueden derivar en una relación duradera.

De hecho, cuando comienza el desenamoramiento, en el mejor de los casos, el cerebro va a aumentar los niveles de oxitocina en el sujeto, la llamada hormona del apego, precisamente.

Pero entonces ya estaríamos ciertos de una cosa. No es, pero ni de manera cercana, el mismo efecto del revoloteo de mariposas, de nerviosismo, taquicardia, y otros síntomas propios del ‘enamoramiento’. Estamos ya, ante términos distintos.

¿Por qué entonces atribuirle el apellido, ‘para siempre’ al nombre amor?

El filósofo francés Gabriel Marcel nos da una pista con una de sus frases célebres: “Amar a alguien es decirle: tú no morirás jamás”.

Vale la pena cotejar la tan acertada aseveración, que me parece, pocas veces se ha puesto en reflexión. Dice la frase trillada que en este mundo lo único seguro es la muerte y el ser humano ha intentado rehuir de ella durante generaciones.

La solución que ha encontrado para la angustia que produce el encuentro con lo inevitable ha sido el concepto de eternidad, ligado en la mayoría de los casos con el aspecto religioso de que hay otra vida después de la vida terrenal, es decir, una vida -post vida-, que no tendrá fin.

Este sentido no sólo de rechazo a la muerte, sino de trascendencia, que es innato en el ser humano, puede explicar el porqué nos aferramos a un amor. Al amar a alguien, más allá de buscar únicamente el bien de esa persona, estamos clamando por nuestra existencia sin fin en este mundo, que habita al menos en la conciencia de una de las personas en él.

El ser amado sería garantía entonces de perpetuidad, la seguridad última que se busca en un mundo con muchas preguntas que no han podido ser respondidas con certeza aún.

Y sin embargo, se siguen amando


Es innegable que a pesar de establecer una teoría escéptica que vaya en contra de la perpetuidad del sentimiento, siguen siendo muchos los casos que pueden fácilmente demostrar lo contrario.

Manteniendo así la ilusión para los enamorados del amor de que sí es posible mantener esa emoción por tiempo indeterminado.

La misma, Helen Fisher, “la científica del amor”, cambió radicalmente su teoría de que el sentimiento no perdura, apenas 18 años después de sus primeras afirmaciones y agregó una revelación impactante en 2004: el enamoramiento no es una emoción, sino un impulso como beber o comer.

Los estudios, presentados como parte de su libro Why we love? explican que el amor romántico se encuentra lejos de la zona emotiva en el cerebro y que al ser ubicado como un impulso fisiológico natural (tal como comer o respirar) querrá estar siempre presente durante la totalidad de la vida.

Aunque tal aseveración, lo que explicaría también es la razón de buscar una pareja no importando la edad de la persona, lo que no necesariamente significa la exclusividad del impulso en una sola.

Un estudio revelador

Uno de los últimos análisis llevados a cabo al respecto se realizó en Nueva York por especialistas de la Universidad de Stony Brook, y dirigido el proyecto por el psicólogo Art Aaron.

En el estudio se midió la actividad cerebral de 17 personas que dijeron estar enamoradas aún después de 21 años con la misma pareja. Los resultados arrojaron que las zonas cerebrales que se activaron en ellas son equiparables a las del principio de una relación amorosa.

Los datos no permiten establecer porcentajes ya que las personas no fueron seleccionadas dentro de una muestra sino que fueron invitadas, por lo que hasta el momento no puede separarse la etiqueta de excepciones.

Sin embargo, estos recientes resultados hicieron volver a cuestionar a los científicos acerca de que quizá el amor no se acaba, tal como lo explicaron investigadores en un informe que se publicó en la revista Review of General Psychology.

Más allá aún, la eternidad del sentimiento puede ser considerado un aspecto de fe que no entiende de razones científicas.

Erich Fromm abundó en el tema en su libro El arte de amar. Citando el último párrafo de la obra: “Tener fe en la posibilidad del amor como un fenómeno social y no sólo excepcional e individual, es tener una fe racional basada en la compresión de la naturaleza del misma del hombre”.


Algunas ligas de donde saqué los artículos:


http://www.paula.cl/blog/entrevista/2009/11/27/la-cientifica-del-amor/ (2009, noviembre)

http://www.infobae.com/gente/364198-100841-0-Aseguran-que-el-amor-dura-como-m%E1ximo-cuatro-a%F1os#comentarios (2008, noviembre)

http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090114/53617994018/una-minoria-de-parejas-mantiene-viva-la-pasion-durante-decadas-los-psicologos-estudian-como-lo-logra.html (2009 enero)

martes, 15 de diciembre de 2009

Lennon y el amor



“Nos hicieron creer que el “gran amor”, sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años.

No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.

No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Las personas crecen a través de la gente.

Si estamos en buena compañía es más agradable.

Nos hicieron creer en una fórmula llamada 'dos en uno': dos personas pensando igual,
actuando igual... que era eso lo que funcionaba!

No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación.

Que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.

Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.

Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos, y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad.

No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes, y que podemos intentar otras alternativas.

Ah, tampoco nos dijeron que nadie nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito.

Y entonces, cuando estés “enamorado de ti mismo' vas a poder ser feliz y te enamorarás de Alguien.

Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor aunque la violencia se practica a plena luz del día.'

John Lennon

lunes, 7 de diciembre de 2009

Los Mejores Discos de la Década 2000-2009


¿Que en esta década no pasó nada?... permítanme externar un gigantesco jaa!, bueno, de hecho sí no pasó casi nada en la segunda mitad, jaja, pero la primera sí fue muy buena.

Cada uno de estos discos son una maravilla, obvio en especial los primeros diez. Para mí es muy especial porque es la década que pude seguir completita. Los que tenemos el cuarto de siglo apenas, no podemos decir que esperábamos con ansias los estrenos de 1991, la verdad.

Es por eso que presento esta lista -totalmente arbitraria y personal obviamente-, de las joyas que nos dejaron la década que se extingue. La explicación de cada uno de los discos sale sobrando.

Solamente una banda repite disco, dos bandas en español se colaron, apenas una solista y un disco en vivo.

¿Te gustaría oírlos y te da flojera bajarlos?
Te los quemo en mp3 y regalo. Sólo comenta y pídelo y te los doy o mando por correo.

Sin más, aquí la lista:


1.- The Strokes - Is this it (2001)



2.- Arcade Fire - Funeral (2004)




3.- The Flaming Lips- Yoshimi Battles the Pink Robots (2002)



4.- Radiohead – In Rainbows (2007)



5.- Coldplay – A Rush of Blood to the Head (2002)



6.- Radiohead – Kid A (2000)



7.- The Killers – Hot Fuss (2004)



8.- The White Stripes – Elephant (2003)



9.- Daft Punk - Discovery (2001)



10.- Interpol – Turn on the Bright Lights (2002)



11.- Sigur Ros - () (2002)



12.- Franz Ferdinand – Franz Ferdinand (2004)



13.- Modest Mouse – Good News for People who Love Bad News (2004)



14.- Wilco – A Ghost is burn (2004)



15.- Gorillaz – Gorillaz (2001)


16.- The Mars Volta - Deloused in the Comatorium (2003)



17.-Muse – Absolution (2003)



18.- Yeah Yeah Yeahs – Fever to tell (2003)



19.- Arctic Monkeys – Favourite worst nightmare (2007)



20.- Morrissey – Live at Earls Court (2005)



21.- Café Tacvba – Cuatro Caminos (2003)



22.- Green Day – American Idiot (2004)



23.- Tv on the radio – Return to my Cookie Mountain (2006)



24.- Outkast.- Speakerxxx/The Love Below (2003)



25.- Babasónicos – Jessico (2002)