domingo, 11 de abril de 2010

¡Sálvese quien quiera!


¡Sálvese quien quiera!
El proceso de descatolización del joven mexicano
Por: Alfredo Guevara González

Pese a carecer de estadística rigurosa para el inicio de esta década, debería empezar a considerarse un mito aquella afirmación de que más del 90 por ciento de los mexicanos profesan la religión católica.

Más allá de la diversificación religiosa de las corrientes evangélicas-apostólicas en las últimas décadas, un fenómeno del que vale la pena detenerse para el estudio de la psicología social es el desprendimiento -gradual- de la práctica de una religión, cualquiera que sea ésta.

El individuo a análisis, salvo excepciones, se ubica en la actualidad en el rango de edad de los 18 años, quizá menos en algunos casos y pasados los 30 años, período que aglutina a la mayoría de personas de la llamada generación “x” junto con la recién nombrada por algunos generación “y”.

La inquietud que debe tener muy preocupada la jerarquía católica es el pensamiento cada vez más común de asentir a la existencia de un Dios, pero negar pertenecer a cualquier religión, inclusive habiendo sido inculcado en los valores de la grey católica y que sus padres la continúen profesando.

“Yo sí creo en un Dios, pero no en las religiones” empieza a ser muy común escucharse en una sociedad que ya no es la misma que hace un par de décadas y cuyos cambios, -positivos o negativos– tienen consecuencias socioevolutivas que invariablemente traerán consigo transformaciones en la conducta individual, social y por ende, también en las creencias.

Los números

Según el último censo del 2000, realizado por el Inegi, el 87.9% de la población se identificó como católica aunque solamente el 46% admitió asistir con regularidad al templo y un 2.5 % (2 millones 982 mil personas) señalaron carecer de alguna religión.

Según el propio Inegi, durante las últimas cuatro décadas (anteriores al registro del 2000), el porcentaje de católicos ha ido en descenso, -en 1950 se afirmaba que el 98% de la población era católica-. De 1990 al 2000 el crecimiento de católicos fue de 1.7%, pero el de los no católicos fue de 3.7% y sigue creciendo.

Será sumamente interesante contrastar los resultados del censo de 2010, para darnos una idea del descenso de creyentes en la iglesia y corroborar que se esté convirtiendo en realidad el peor temor de la iglesia: perder a sus feligreses y que sus templos sobrevivan como meros atractivos turísticos.

El shock generacional entre padres e hijos

Probablemente los únicos datos duros que dan una idea más clara de este cambio cultural los ofrece la Encuesta Nacional de la Juventud 2005 que llevó a cabo Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve).

En el tema religioso hubo un par de datos interesantes. De inicio, solamente el 44.7 por ciento de ellos se declaró católico practicante. Ante la pregunta de qué tan importante es en tu vida la religión, el 18.1% respondió poco importante por un 9.4% que señaló nada importante.

Pero más claro aún, en otro apartado de la encuesta nacional se analizó la comunión de ideas al interior del núcleo familiar al preguntarles: ¿tus padres y tú, piensan (pensaban) de la misma manera sobre la religión?

Las respuestas fueron por demás interesantes según el grupo de edad y el sexo. En el promedio total dijeron “sí” sólo el 69.1%, “sí en parte” el 14.2% y el 15.5% de los jóvenes mexicanos aceptó ya no comulgar con las ideas religiosas de sus padres.

Si se mira a detalle la encuesta, se podrá encontrar que el porcentaje con la respuesta negativa va en aumento dependiendo del grupo de edad -a nivel nacional–; así, quienes dijeron no del grupo de 12-14 años fueron el 7.6%; de 15-19 el 15.4%, de 20-24 el 18.5% y una ligera disminución en el grupo de 25-29 años con el 17.6%.

A cinco años de realizada la encuesta, ¿habrá incrementado el proceso de descatolización? Y sobre todo, ¿qué resultados arrojaría una más específica aún? Como por ejemplo, preguntar qué porcentaje está de acuerdo con la idea de la existencia de un Dios, pero en desacuerdo con las religiones.

Sondeos locales

Hasta no obtener más respuestas estadísticas concretas, basta con preguntar al círculo de amigos, que dependiendo del contexto cultural arrojarán datos igual de interesantes que sumamente variables, seguramente.

En un ejercicio particular del autor de este ensayo -sobra aclarar, con ausencia total de un rigor científico– se le cuestionó a un grupo de contactos acerca de su inclinación religiosa y gracias al uso de las nuevas tecnologías, en cuestión de minutos tenía al menos unas 25 respuestas diferentes a través del uso del mensajero instantáneo de Microsoft, el Messenger.

La respuesta fue abrumadora, a pesar de que 13 contactos reafirmaron su posición católica (la mayoría de ellos light), 9 aseveraron creer en un Dios pero haberse alejado de toda religión –con el antecedente que fueron inculcados en la católica desde su infancia-.

Para cerrar los números, una persona se dijo cristiana, una más budista y una última desestimó la existencia de un Dios creyendo en cambio en una energía universal no inteligente regida por leyes naturales conectadas entre sí.

Es importante mencionar que el universo de personas encuestadas en el breve ejercicio, son en su mayoría de instrucción universitaria y de la llamada clase media y/o clase media-alta, lo que da pie al análisis posterior acerca de que la intelectualidad y el contexto social en el que se desarrolla el individuo son determinantes en sus creencias.

Para establecer un contraste, la reportera Carmen Aguilar realizó un pequeño sondeo en los municipios poblanos de Tepexi e Ixcaquixtla en donde las respuestas fueron inversamente contrarias.

Como era de suponerse, allá los jóvenes asienten pertenecer a la religión católica y no sólo eso, sino son partícipes de las fiestas, tradiciones y obligaciones. Sus razones son claras, son costumbres que han heredado de sus padres.

Pero indagando dentro de ese mismo universo, la reportera encontró que entre los pueblos, -unos más pobres que otros-, existen diferencias notables. Por ejemplo, las tradiciones siguen con mayor arraigo en aquellos en los que ni siquiera han llegado o son muy escasas las nuevas tecnologías como el internet o el uso del celular.

En esos lugares, los jóvenes se dedican a ayudar a sus padres y su máxima aspiración generalizada es llegar a ser mayordomos de algún santo o de los patrones de cada pueblo para que la gente se los reconozca.

En cambio, en las cabeceras municipales, las aspiraciones han cambiado y ahora los jóvenes piensan en viajar, conocer amigos de otro lugar, pertenecer a algún equipo de futbol o realizarse como profesionistas.

La reportera encontró que, particularmente entre los jóvenes, aunque sí afirmaban pertenecer al catolicismo, habían dejado de asistir a la iglesia o participar de sus ritos, lo que durante años se ha considerado como ser un católico light.

El porqué del cambio

Teniendo ya un marco explicativo sobre el fenómeno de la descatolización es menester del ensayo indagar en sus causas.

El primer referente debe ser sin lugar a dudas el propio sujeto de observación, ya que a pesar de que se intenta explicar la influencia de la sociedad sobre el individuo, es indispensable encontrar las respuestas de esa carga cultural en la propia persona.

Algunas respuestas obtenidas se ubicaron en el sondeo electrónico explicado anteriormente y también en una sección de preguntas y respuestas de Yahoo, luego de que una persona preguntara a los cibernautas, “¿Por qué creen que los jóvenes se han alejado de la Iglesia?”, los datos se pueden encontrar en: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090427195453AAqyrVD

A grandes rasgos, las respuestas más comunes se pueden dividir en estos aspectos: se han alejado por la mala imagen que se ha creado la iglesia, por la falta de valores religiosos de padres a hijos, por la “perversión” de la sociedad y el culto a los placeres y por último, por una decisión propia, ya que los jóvenes ahora están más informados.

A estos aspectos añadiría una sociedad cada día más plural, donde los matrimonios entre personas del mismo sexo y el aborto legal ya son una realidad, y en donde, las creencias personales, y el punto de vista ya no son tan estigmatizadas por la sociedad como en otros tiempos. Se vive, sin duda, en un ambiente mucho más abierto de libertad de expresión y pensamiento.

No se puede cerrar la búsqueda del porqué del desprendimiento de los valores religiosos a una sola respuesta, pero sí concluir en generalidades.

En lo particular, estoy convencido que este proceso fue inversamente proporcional al desarrollo socio-cultural y las fallas al interior de la propia iglesia cuyas contradicciones a lo aceptado como normalidad entre los jóvenes causaron discrepancia o un desequilibrio emocional.

Y como anexo indiscutible, debe tomarse en cuenta la falta de rigurosidad en los valores transmitidos de padres a hijos con relación a la regularidad de los ritos católicos, que bien puede explicarse por el ritmo acelerado en el crecimiento económico de las metrópolis, en las que la principal preocupación es la búsqueda de la sobrevivencia sobre cualquier otra motivación.

Este último punto debe considerarse de carácter cultural. Ya se hablaba de que este proceso de descatolización ha sido gradual, y no podría pensarse de otra forma.

En un esquema muy básico, el bisabuelo seguramente tuvo fuertes influencias religiosas que le fueron transmitidas en parte al abuelo, éste a su vez le transmitió al padre. Pero el padre inmersó en una sociedad consumista y capitalista que le hicieron generar una religiosidad light un tanto para él, pero en una enorme cantidad para sus hijos.

Algunos de estos hijos, -los jóvenes, objeto del estudio- pudieron ahora sí, mudarse al siguiente escalón, y sin gran preocupación, ni barreras que se lo impidan, declararse al fin un no religioso.

Teorías sociales que ayudan a explicar el fenómeno

Probablemente, el católico light hubiera sobrevivido muchos años más si no hubiera existido una motivación para cortar de tajo esa última cadena que lo mantenía unido a su credo.

La teoría de la psicología cognitiva nos ofrece una respuesta complementaria de mucha valía para poder entender este fenómeno. Las actitudes retrógradas y en otros casos ya inaceptables, como la pederastia, seguramente han sido determinantes en el proceso de información del sujeto, quien no está dispuesto a seguir siendo parte de algo que no es congruente con lo que promulga.

La religión, sin indagar en mucho en este punto, ha tenido la característica milenaria de irracionalidad en el sentido de que la fe es su mayor sustento (creer ciegamente y sin cuestionar), no pudiendo así contrastar las ideas que se ofrecen al creyente.

Puede incluso formar parte de un sistema de psicología de las masas en las que “en la multitud se produce un proceso de degeneración a un estado primitivo de inconsciencia colectiva, como resultado del cual, los individuos pierden su identidad y muestran un carácter común”, como lo concebía Gustave Le Bon.

Las características de la sugestión y el contagio son más que claras en el ámbito religioso para describir la irracionalidad en el comportamiento de los individuos en esta masa.

Sin embargo, excluyente de esta propia teoría, se encontrarían los sujetos ya no religiosos, que tuvieron un cambio de actitudes importante en la búsqueda personal y motivacional del equilibrio.

Ateniéndonos a la teoría de Festinger, la disonancia que surge entre las ideas que ya no se comparten con la religión produce un desequilibrio que surgió de la “contradicción de elementos comportamentales, cognitivos o motivacionales”, en este caso, de la religión católica.

Según la postura de otro teórico, Gergen (1973) las personas no pueden tolerar cogniciones contradictorias, pero aclara que hay personas que sienten de forma muy diferente con respecto a estas contradicciones, lo que explicaría la causa del porqué no todos han actuado de la misma manera.

En resumen, el cambio de actitud entre ex católicos podría fácilmente explicarse con las teorías de la disonancia y consistencia en la que el conflicto es estresante y las personas buscan el equilibrio y la armonía, como consideraron Collier, Minton y Reynolds.

Los recientes escándalos de corrupción y pederastia de la iglesia católica pueden sin duda, influir en cualquier sujeto cuya base de sus creencias se ubica en practicar con el ejemplo.

Una postura personal que radica de igual manera en la teoría cognitiva es el grado o nivel del procesamiento de la información del individuo. Caso más claro, las diferencias culturales, pero también económicas e intelectuales por ende, sobre las poblaciones más pobres en contraste con las grandes urbes.

Es muy probable que sí exista una relación entre una mayor capacidad intelectual y el alejamiento de la religión, por considerar como falsos o engaños los hechos en los que se basan, información que es producto de la búsqueda, el análisis y el estudio.

Esta nueva concepción de la realidad y en especial el enorme acceso a la información de esta época han abierto la mente de muchas personas no solamente para negar, sino para tener un primer procesamiento de la información que los conlleve a admitir el fracaso de ciertas creencias, pero sin separarse de la espiritualidad.

El sujeto está preparado para desprenderse de algo tan grande como la religión –porque la puede comprender y desechar por algún desagrado particular- pero no así de un Dios, al que no alcanza a comprender y cuyo estudio se ha llevado miles de años.

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